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Mi endometriosis y yo. Sufro y acepto. Capítulo 3.

Sé que esta publicación viene con algo de retraso pero, como no hay mal que por bien no venga, para compensar intentaré aparecer por aquí dos veces esta semana.

Hace más de tres años escribía el segundo capítulo dedicado a hablar de una enfermedad que me lleva acompañando media vida y hoy vuelvo con una nueva reflexión sobre mi endometriosis (puedes ver las otras en este enlace: http://cosasdemago.blogspot.com/search/label/endometriosis). Quien la padece sabe bien lo mucho que se puede sufrir aunque a mí siempre me ha gustado más intentar aceptar lo malo que me ha traído y tirar para adelante (y ojo que no me resulta fácil, hay que perseverar) que encerrarme en mí misma y lamentarme (algo que también hago a veces eh, que soy humana).



El jueves pasado tuve mi última revisión y parece ser que todo sigue igual. Hubo un momento en la consulta en la que el médico, porque yo pedí dejar las pastillas que estoy tomando, me hablaba de la mala suerte que he tenido al tener que cargar con esta dura enfermedad llamada endometriosis, que él intentaba ofrecerme los recursos que conocen y que creen que pueden darme calidad de vida antes de tener que resignarme a dejar todo en manos de Dios y que fuera lo que Él quisiera. Yo le dije que ahora mismo estaba en ese punto, que quería abandonarme a la Providencia y que incluso había muchos días en los que, a pesar de todo, daba gracias por tener que padecer esta enfermedad. Y puede que tu cara ahora mismo tenga el mismo gesto de sorpresa que puso él. Su reacción, evidentemente, fue preguntarme que por qué decía eso y yo, brevemente, le respondí que porque también de lo malo uno tiene la oportunidad de aprender. ¿No crees tú lo mismo? ¿No intentas sacas aprendizajes buenos de las situaciones malas?

Así que, ahora, aprovechando que tengo este espacio, me gustaría profundidar un poco en todo eso por lo que doy gracias. Quiero compartirlo contigo por si puede ayudarte de alguna manera. Yo lo hago con mi endometriosis pero si a tí te ha tocado otra cosa (porque aquí hay para todos) también puede servirte.

Desde el punto de vista físico me siento agradecida a la enfermedad porque, aunque haya perdido una trompa y el ovario por el camino, lo que me quede esté en un estado lamentable, la estenosis siempre ande acechando, tenga náuseas casi a diario y a los dolores también les guste formar parte de mi vida..., soy plenamente consciente de que las dos intervenciones que he tenido han ido bien y ya es un regalazo, lo que podría empeorar se mantiene, no siempre suelo llegar a vomitar y el dolor es todavía soportable. Por todo ello, aunque a veces pueda parecer lo contrario, doy muchas gracias, de verdad. Aún así a veces también me rebelo como el otro día en la consulta. Prefiero tomar antiinflamatorios antes que anticonceptivos y acabar con una úlcera de estómago antes que con una depresión (u otras cosas).

Por supuesto, tomar este tipo de decisiones no es algo que yo decida al tran tran, de la noche a la mañana, no, no es así, lleva detrás muchas horas de meditación que en mi caso, desde hace años, la realizo a través de la oración cristiana. He descubierto cómo ponerme en manos de Dios no soluciona mis problemas pero sí que me ayuda a llevarlos mucho mejor.



Desde el punto de vista mental me siento agradecida porque a pesar de tantos y tantos años de sufrimiento, de tantas renuncias, de tanto desajuste hormonal, creo que todavía conservo la cabeza más o menos lúcida. Eso sí, cuando he visto que seguir se me hacía demasiado cuesta arriba, no me ha dado miedo ni vergüenza tener que acudir a buscar ayuda. La verdad es que también doy gracias por esa psicóloga que ha sabido acogerme cuando llegué a ella con los tres pilares básicos del ser humano tocados (salud, trabajo/dinero y amor). Confío en recuperar pronto la seguridad que muchos me han ido quitando aunque fuera sin darse cuenta. ¡Cuidado siempre con lo que se hace y lo que se dice! Lo comentaba por aquí el otro día: podemos pensar que estamos haciendo un bien a alguien y en realidad lo que hacemos es causar más daño. Es muy fácil juzgar cuando no se lleva el zapato del otro. Si no comprendes una situación lo mejor que se puede hacer es guardar silencio y ofrecer tu apoyo por si te necesitan en algún momento.

Menos mal que también doy gracias porque las horas de oración y las conversaciones con sacerdotes me están alentando a la hora de tener que ir contracorriente y no dejarme llevar por el ritmo que la sociedad intenta imponer. ¡Bendita sea la Madre de Dios que, en su advocación de María Santísima del Rocío, es mi motor!



Desde el punto de vista espiritual es desde el que más agradecida me siento. La enfermedad no ha sido sino el trampolín para querer abrazarme a los brazos de Aquel al que yo, en última instancia, le debo la Vida. Mi endometriosis y otras muchas piedras que acompañan mi camino me invitan a mirar a la Cruz en la que Cristo murió por salvarme a mí y yo, viéndole a Él, le digo... ¿de qué me voy quejar si mira cómo acabaste tú?

Vivir es ir renunciando a todo progresivamente y cuanto más intentemos aferrarnos a lo que tenemos, o a lo que nosotros queremos, más duele. Yo he llegado a un punto en el que muchos días pienso: "Mira Padre, si tengo que sentirme azotada por esta enfermedad, si eso me produce dolores de cabeza y de cuerpo entero, si siento que es como llevar ese lastre con el que voy a morir... ¡ayúdame! A mí a veces ya todo me pesa demasiado, no puedo más, a la endometriosis se le juntan otras cosas y tengo días en los que me desespero. Yo sé que, aunque no entienda tu plan, quiero confiar en Ti y responderte, como María ante el Ángel Gabriel (al dar su sí) o Jesús en Getsemaní (entregándose libremente por amor a Ti y al hombre), que se haga en mí según tu Palabra, que se cumpla tu voluntad y no la mía. Que sea como decía Santa Maravillas de Jesús: "lo que Dios quiera, como Dios quiera y cuando Dios quiera".

Lléname con la fuerza de tu Espíritu Santo, ten Piedad de mí y dame paciencia para soportar lo que me venga. Hazme sentirte ese Hijo que nunca tendré y guíame para que, a imagen y semejanza de la Virgen, siempre pueda responder como hace Ella.

Y por todo eso, y mucho más que sería largo y complejo de expresar, en general me siento agradecida con mi enfermedad aunque eso no me libra de sufrirla. ¿Y tú? ¿Te tienes desgraciada o agradecida? ¿Cómo sobrellevas la tuya? ¿Qué recursos utilizas para ello? ¡Anímate a dejarme un comentario!

Fuente: este post proviene de Cosas de MaGo, donde puedes consultar el contenido original.
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