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Niños obesos... ¿adultos obesos?

bebé
La obesidad se caracteriza por un almacenamiento excesivo de grasa en las células del tejido adiposo (adipocitos). Durante la infancia y la pubertad el número de células adiposas crece considerablemente. Y el problema está en que, una vez desarrolladas, no desaparecen. Con el paso del tiempo lo único que pueden hacer es aumentar. Por tanto, la respuesta a la pregunta que hemos planteado es sí. Efectivamente, un niño obeso tiene muchas posibilidades de ser en el futuro un adulto obeso. El exceso de kilos a edades tempranas puede deberse a factores genéticos. Pero es obvio que existen otros muchos desencadenantes, ya que en los últimos años se está produciendo un aumento vertiginoso del número de niños obesos en los países desarrollados, un fenómeno que se ha llegado a calificar de epidemia. Este incremento no es casual: los malos hábitos en la alimentación y el sedentarismo tienen mucho que ver.

bebé bebiendo leche
Existen datos escalofriantes publicados en numerosos estudios acerca del estado del organismo de un niño de estas características. Las arterias de un pequeño con demasiados kilos de más son equivalentes a las de un adulto fumador. El riesgo de padecer, con los años, sobrepeso y enfermedades cardiovasculares, por poner sólo dos ejemplos, se incrementa enormemente en estos casos.

Lactancia y desarrollo

Si queremos criar unos hijos sanos debemos empezar a preocuparnos por su alimentación desde el principio de su vida. Así, es importante plantearse si se da el pecho o no al bebé. Desde el punto de vista nutricional es mucho más saludable la lactancia materna. La leche de la madre contiene la proporción de nutrientes que el bebé necesita en cada momento de su desarrollo.

Tomando el pecho, el recién nacido obtendrá la cantidad de grasas e hidratos de carbono adecuados, ni más ni menos (siempre que la alimentación de la madre no sea deficiente), y se evitará el riesgo engordar anormalmente.

Cuestión de costumbres

mostrador con bollos
A medida que se van introduciendo nuevos productos en la dieta del niño, su paladar se va habituando a unos sabores que pueden determinar el tipo de alimentos que ingerirá en el futuro. Por eso, es muy importante seleccionarlos y acostumbrarlo a productos sanos, como frutas y verduras, para que no le resulten desagradables o insulsos como les ocurre a muchos niños que comen habitualmente dulces y grasas.

Los hábitos de la familia influirán enormemente en la dieta posterior del pequeño. Por eso es esencial hacer una revisión frecuente de éstos. Y no sólo hemos de que tener en cuenta qué alimentos se ingieren, sino también otras costumbres asociadas a las comidas. Por ejemplo, existen algunos estudios que evidencian el efecto que tiene sobre el individuo ver la televisión mientras se come.

conservas
Cuando estamos distraídos con la caja tonta, no comemos de manera consciente y podemos ingerir cantidades excesivas de alimento. Estamos siendo bombardeados con anuncios publicitarios que inducen y, en muchas ocasiones, convencen de consumir determinados productos nada beneficiosos. Además, esta práctica está vinculada a una disminución de la actividad física, ya que provoca un estado de aletargamiento. Asimismo, ver la tele durante la comida elimina el ritual que tradicionalmente suponía la hora del almuerzo, donde tenía gran relevancia la reunión familiar y los alimentos que se ingerían.

Hoy en día, el ritmo de vida que mucha gente se ve obligada a llevar hace que se le otorgue una importancia mínima a la dieta diaria. Sólo supone una necesidad básica que se puede satisfacer en cualquier hueco y al mismo tiempo que se hacen otras actividades. De esta manera, se acude a los fast food y a los alimentos precocinados y congelados de rápida preparación, pero de poca calidad nutritiva.

Cambios dietéticos

niño comiendo con palillos
La escasa relevancia que cobra la alimentación en los últimos años va desembocando en trastornos, cada día más numerosos, como la anorexia, la bulimia y la obesidad. Las investigaciones demuestran que los niños de entre seis y nueve años con sobrepeso tienen diez veces más probabilidades de ser obesos en la edad adulta, elevándose la probabilidad a 28 veces en niños de entre diez y catorce años.

Estos datos son razón más que suficiente para darle la importancia que se merece a la alimentación de los niños. Es necesario que conozcan los beneficios e inconvenientes de consumir determinados productos. Pero no debemos mencionar la palabra dieta, porque, si perciben la comida como algo prohibido podrían sufrir bastante ansiedad, aumentando así sus ganas de comer. Asimismo, hemos de introducir desde el principio el ejercicio físico en su vida, como complemento para mantenerse sano.

Lo ideal sería evitar que el niño llegase a tener un peso exagerado. Esto no es difícil con una alimentación equilibrada. Pero si ya se trata de un niño con sobrepeso será necesario realizar varios cambios en su dieta:

aceite de oliva
Evitar las grasas "malas" (saturadas, hidrogenadas). Están presentes en muchos productos, a veces de manera natural. Debemos rechazar los casos en los que se introducen de manera artificial. Por eso, es fundamental leer los ingredientes de los productos al hacer la compra, poniendo especial atención en bollos y galletas, postres elaborados y otros alimentos como salsas, margarinas, mantequillas y productos precocinados. No debemos suprimir el saludable aceite de oliva, que es excelente para eliminar aquellas grasas perjudiciales del organismo, pero sí reducir ligeramente las cantidades de aceite de nuestros platos. Una buena manera de hacerlo es cociendo y horneando en lugar de freír.

Es conveniente reducir el consumo de hidratos de carbono refinados y sustituirlos por alimentos integrales (pan, pasta, arroz¿). Al contener más fibra, provocan sensación de saciedad e incorporan un aporte extra de minerales. Es mucho mejor ingerir pan que bollos y galletas y, dentro del pan, son mejores el pan de barra y el integral que el de molde, ya sea blanco o integral, ya que, en la elaboración de este último, así como en la de los bollos, se ha utilizado mayor cantidad de grasa para darle una textura más suave.

Es necesario un cambio de hábitos en el consumo de dulces. Hemos de sustituirlos en postres y meriendas por frutas frescas y secas, miel, yogures...

frutos secos
Suprimir totalmente las chucherías, las patatas fritas de bolsa que contienen una cantidad exagerada de grasa y las bebidas carbonatadas, que se pueden sustituir fácilmente por frutos secos y zumos naturales respectivamente.

Hemos de hacer un análisis general de las costumbres y darnos cuenta de todo aquello que sobra en la dieta. Por poner un ejemplo, se puede prescindir de complementos como el chocolate en la leche, mantequilla en el pan y las salsas en muchas comidas, y comprar, en general, alimentos menos recargados. También se pueden eliminar de los cereales con chocolate y caramelo, e igual ocurre con las galletas.

Aumentar el consumo de alimentos crudos (frutas y verduras), especialmente al principio de la comida, para llenar el estómago de salud y dejar menos sitio a los alimentos más calóricos que vendrán después.

Haciendo una inspección y reorganización de la dieta siguiendo estas pautas básicas obtendremos inmediatos beneficios.

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