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Tarta de queso e higos

Si algo bueno tiene el final del verano es la llegada de los higos y las ciruelas claudias, dos frutas que en septiembre alcanzan su punto más exquisito; además he descubierto que con los higos se pueden elaborar recetas más allá de los postres como por ejemplo ensaladas, empanadas o salsas como el chutney (que dejamos para otro día).



Así que, huyendo de los tópicos del fin del verano, vuelta al cole, a la rutina, al mal tiempo… nos quedamos con estos dos productos de temporada para retomar de una forma dulce y sosegada el regreso al blog tras una temporada de descanso.

He elegido un postre fácil con higos y sobre una base de masa para tartas he elaborado una crema de queso mascarpone coronada por un montón de higos maduros y dorados. En este caso, la base es una masa quebrada, sin huevo, hecha a mano de forma muy sencilla aunque quien no tenga tiempo puede utilizar una masa comprada.



Agradezco el montón de higos, recién cogidos de la higuera, que Manoli y Miguel me regalaron y que me procuraron una estancia aún más dulce, si es que se puede, al lado de mi nieto Jaime. A él también le gustan mucho y ver cómo disfrutaba comiéndolos ya es el mejor regalo.

Bienvenidos a la nueva temporada de ven a la cocina, como siempre ahí va la receta.



INGREDIENTES

Para la masa:

200 gr. de harina

100 gr. de mantequilla fría

80 gr. de agua

Pizca de sal

Papel de horno y legumbres secas o bolas de cerámica para cubrir el molde
O bien: una masa quebrada o brisa o de hojaldre, compradas.

Para la crema:

500 gr. de queso Mascarpone

4 yemas de huevo

2 cucharadas soperas de miel

50 gr. de azúcar

Unas gotas de vainilla líquida

200 gr. de higos verdes o morados


PREPARACIÓN

Para preparar la base de masa, poner en un bol grande la harina y echar la mantequilla en trozos pequeños; añadir el agua y la sal.

Trabajar la masa con una espátula hasta que se mezclen un poco los ingredientes y luego continuar amasando a mano; el calor de las manos al moverse irá derritiendo la mantequilla.

Una vez que tenemos la masa, formar una bola, envolver en plástico y reservar en la nevera durante una hora o dos.

Si la masa es comprada, se forra directamente el molde y se procede de la misma forma.

Mezclar todos los ingredientes de la crema y batir con una batidora hasta lograr una crema fina y sin grumos. Si se usa otro tipo de queso, la crema suele ser más espesa.

Precalentar el horno a 190º.



Pasado el tiempo de nevera, retirar el film que cubre la bola y con ayuda de un rodillo enharinado y sobre una superficie también enharinada, estirar la masa hasta conseguir un tamaño que cubra el molde.

Cubrir el molde con un papel de horno y sobre el papel colocar la masa estirada, apretando con los dedos para fijar bien los bordes. Poner un nuevo papel de horno sobre la masa y echar las legumbres secas y hornear 10 minutos a 190º.

Pasados los 10 minutos, sacar el molde del horno, retirar con cuidado el papel que contiene las legumbres y echar la crema de queso. Hornear 40 minutos a 190º.

Pasado el tiempo, sacar la tarta del horno y esperar a que se temple un poco. Mientras, los higos lavados y secos se cortan a la mitad y nuevamente cada mitad en dos para formar cuartos. Adornar la tarta con los higos y dejar enfriar.



Más cosas

Importante la temperatura del horno; a 190º en mi horno queda bien pero quizás para otros hornos 180º-185º sea suficiente. Como siempre, cada uno en su casa y con su horno… ya se sabe.

Se puede usar requesón, queso de untar tipo philadelphia o mascarpone. Este último me parece que es el que consigue una crema más fina y además tiene menos sal.

Si se hace la masa a mano es fácil y aunque el aspecto sea más rústico, es muy agradable amasar.

Si se utiliza una masa comprada, los pasos serían los mismos, incluido el de poner legumbres secas y hornear 10 minutos.



Las legumbres que se usan para estas preparaciones, no se tiran. Yo uso una mezcla de garbanzos y judías y cuando las utilizo las meto en un bote de cristal para otras veces.

La superficie de los higos una vez adornada la tarta se puede pincelar con un almíbar o dejarla tal y como está. El almíbar aportará brillo pero hay que tener en cuenta que también aportará algo más de dulzor.



Fuente: este post proviene de Ven a la cocina, donde puedes consultar el contenido original.
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