Desde que se jubiló, y para mantenerse activo y ocupado, todos los veranos planta tomates, calabacines, calabazas (esto a insistencia mía) judías verdes, berenjenas, pepinos, sandías, cebollas...así que desde hace unos meses os hacéis cargo de que en la frutería nos han dado por desaparecidos.
Además están los árboles frutales. Peras, manzanas, ciruelas e higos han llenado este verano el frutero de mi casa. A veces resulta agotador enfrentarte cada día a los mismos alimentos pero no vamos a salir corriendo a comprar otro tipo de fruta o de verduras sólo por aburrimiento (aunque ya os adelanto que mi señor costillo se ha presentado algún día con fruta cuando ha regresado de la compra. Sin comentarios)
A esto le uno a mi padre diciendo un día sí y otro también que ha traido chorrocientos calabacines y que a ver si gastamos más que si no vamos a gastarlos otro año no pone hortaliza (y os aseguro que rara vez hay que tirar algo)
El sermón de todos los veranos. Y yo agotadita perdida diciéndole "pero papá si esta semana ya he hecho crema de calabacín, lasaña de calabacín, salteado de calabacín y calabacín rebozado y frito...que nos falta desayunar calabacín"
Y en ese preciso momento se hizo la luz. Un milagro. Porque estábamos en pleno agosto, con el sol entrando a raudales por las ventanas y de repente el mundo brilló aún más.
¡Claro que podía meter el calabacín en el desayuno! ¡y sin necesidad de verme acompañando la leche con crudités de calabacín! Con lo bien que funciona el calabacín en repostería tenia ante mí un abanico de posibilidades casi infinito para que los calabacines fueran rebajándose a un ritmo aún más alegre.
El único inconveniente era que estábamos en pleno verano, pero horneando bien temprano o por la noche el calor sería soportable. En todo caso el resultado bien lo iba a merecer.
En el blog ya tengo algunas recetas elaboradas con calabacín como este bizcocho de calabacín y chocolate (de las primeras recetas que compartí con vosotros), gofres con chocolate, unos bizcochitos muy resultones acompañados de un buen helado o el bizcocho de calabacín y limón.
Había que seguir explorando nuevas combinaciones, nuevas maneras de presentarlo, pero sobre todo había que utilizar muchísimo calabacín.
Y entre prueba y prueba tengo en borradores más de una receta dulce con calabacín que poquito a poco irán viendo la luz.
Por empezar por algún lado le ha tocado el turno a este brownie. Que además de saludable es vegano.
Una de las primeras ideas que tuve fue hacer un brownie y rápidamente recurrí a Google para buscar recetas e inspiración.
Fue toda una sorpresa descubrir que prácticamente no hay ninguna (frente a las miles de versiones de bizcochos con calabacín que podemos encontrar) así que más ganas me entraron de hacer mi propio brownie.
Me inspiré en esta receta, aunque yo he variado cantidades a mi gusto (incrementando considerablemente la cantidad de calabacín por ejemplo) y el resultado ha sido más que aceptable.
He de reconocer que era bastante excéptica cuando lo metí en el horno.
El aspecto no era el más apetecible. Aquello parecía un engrudo. La culpa fue mía por aprovechar un resto de salvado de trigo que tenía en la despensa desde hace un montón. Si le añadís sólo harina la cosa mejorará considerablemente.
La mezcla era rara. Era una especie de pasta que me hacía dudar si una vez en el horno eso iba a cuajar, pero como nunca tiro la toalla por adelantado seguí adelante y me llevé toda una sorpresa.
No sólo cuajó sino que además olía muy bien y cuando lo probamos ¡estaba buenísimo! El salvado le da una textura (además de la apariencia) diferente a los brownies tradicionales, pero el añadido extra de fibra, al menos en mi caso, lo compensa (por no hablar de ir acabando paquetes de los que rondan por los armarios)
Por si aún queda algún excéptico en lo que a utilizar verduras en las masas se refiere os diré que en absoluto nadie notaría por el sabor que el brownie lleva calabacín.
Pero la textura y la humedad que aporta son brutales ¡es que salta a la vista!
El sabor a chocolate es bastante pronunciado. Utilicé un cacao en polvo especiado que me había tocado en un sorteo y estaba sin abrir y ha sido todo un acierto porque la combinación de especias le dan un toque tan delicioso como atractivo.
Siempre podéis utilizar cacao en polvo normal y añadir especias a vuestro gusto o no según lo que os apetezca ese día o las ganas que tengáis de enredar en la cocina.
Y como siempre que hago un brownie me acordé de mi amiga Olga que no para de decir que un brownie sin nueces no es un brownie y ahí que las metí. Si queréis reducir el aporte calórico se las quitáis, o ponéis menos cantidad. También podéis añadir trozos de chocolate o cualquier cosa que se os ocurra y que tengáis en casa.
A nosotros nos ha gustado bastante y por tanto merece un hueco en mi cocina virtual.
Os adelanto que no va a ser el único brownie con calabacín que veáis desfilar por aquí. Pero tranquilos que no me voy a volver "mono-ingrediente" y en sucesivas semanas publicaré recetas con diferentes ingredientes típicos de esta época.
Espero que os animéis a preparar esta receta, que insisto que merece muchísimo la pena y no os va a defraudar ¿acaso no os llama este cachito que tengo guardado para vosotros?
Ingredientes:
* 550 gramos de calabacín
* 125 gramos de aceite de girasol
* 130 gramos de azúcar moreno
* 125 gramos de salvado de trigo (se puede sustituir por harina)
* 80 gramos de harina de espelta
* 25 gramos de cacao en polvo especiado
* Una cucharada de esencia de vainilla
* Una cucharadita de bicarbonato sódico
* 120 gramos de nueces peladas
Elaboración:
1. Ponemos el calabacín troceado en el vaso de la batidora junto con el aceite y batimos hasta obtener una pasta sin grumos.
2. Vertemos en un bol y añadimos el azúcar y el cacao junto con la esencia de vainilla y el bicarbonato y mezclamos hasta integrar.
3. Incorporamos el salvado y la harina y mezclamos hasta obtener una masa homogénea.
4. Por último añadimos las nueces y repartimos bien.
5. Vertemos la masa en un molde 20x20 cubierto con un papel de hornear y alisamos la superficie con una espátula.
6. Introducimos en el horno precalentado a 180 grados y horneamos de 40 a 45 minutos.
7. Dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.
Para conservarlo yo lo metí en un táper, sin quitarlo del papel de hornear ¡y al frigorífico directo!
Se conservó perfectamente durante casi una semana.
¿Tanto duró? Sí, porque había hecho más experimentos con calabacín y había donde elegir cuando el antojo de dulce nos llama. Además esta que escribe se puso las pilas en agosto para ir recuperando poco a poco el peso pre embarazos.
Ya he recuperado el peso que tenía cuando me quedé embarazada de Elena. Pero no he parado ahí porque entonces contaba con tres kilos extra que me había ganado con todas las recetas que preparé el pasado año típicas de Semana Santa para el blog.
Esos me están costando más, aunque tengo la esperanza de que al regresar a la jornada partida (la de verano pasó a mejor vida el viernes pasado y desde el lunes estoy mañana y tarde en la oficina) y la de vueltas que doy repartiendo y recogiendo niñas se vayan cayendo solitos en un par de meses (soy muy optimista)
Así que seguro que en vuestra casa dura bastante menos porque el brownie está espectacular.
Balance de la semana de la república independiente de mi casa.
Elena empezó a vomitar el sábado. De manera espontánea y sin motivo aparente una hora después de comer lo vomitó todo. Yo entré en pánico porque era el primer día que le daba pescado y me temía una reacción alérgica aunque no tenía más síntomas.
El domingo vomitó varias horas después de merendar. Lunes visita a la pediatra. Tiene mocos en la garganta. Paciencia y muchas lavadoras.
El señor padre amaneció también con gastroenteritis el lunes. Por lo visto tenemos un virus pululando por el pueblo. Yo creo que está haciendo operación pre boda, porque el sábado es el gran día y nuestra pequeña Lara será una de las niñas que le lleven las arras a los novios.
Estoy bastante nerviosa. Tengo muchas ganas de que llegue el día y de que pase. De que llegue para echar un buen rato. De que pase y que todo haya ido bien. Además de cruzar los dedos para que todos estemos bien y no tengamos fiebres, vómitos, mocos, diarreas...¡es que nos toca todo!
Lara y yo por el momento nos libramos. En mi caso porque no tengo tiempo ni de ponerme enferma. Lara me dio el susto la noche del lunes. Despertó a las 03:40 y vomitó en la cama (sobra decir que la noche de sueño terminó para mí en ese momento). Mucho me temía que su padre le hubiera pegado la gastroenteritis así que se quedó en casa de mis padres a la espera de ver cómo evolucionaba, pero como por suerte siguió bien ayer ya estuvo de nuevo en el colegio.
Como ya no tengo jornada de verano recojo a Lara a la salida del colegio y come con nosotros en casa. Después la dejo en casa de mi madre y vuelta a la oficina. Son ritmos y rutinas diferentes a los que teníamos hasta ahora y debemos empezar a funcionar con esta nueva situación.
Es complicado. Son muchos cambios para Lara. Pero creo que encontraremos un punto cómodo para todos. Tiempo al tiempo.
La semana próxima espero contaros más cosas interesantes y tener menos mocos y virus que compartir. Pero es lo que toca los dos primeros años de guardería mientras Elena se inmuniza.
Espero que os haya gustado la receta de hoy. La semana que viene os espero con este rincón. Mientras tanto sed felices y disfrutad de este tiempo tan magnífico.
Manos a la masa y ¡bon appétit!