Aunque siendo justos lo que en realidad nos pide es que dejemos los postres por un tiempo si pretendemos que los pantalones dejen de apretarnos en la cintura.
He perdido la cuenta de los lunes que he aplazado dejar los postres de lado durante unos días. A priori perder un par de kilos no parecía tanto y ya vamos por cuatro y sin un momento propicio para ponerme a ello a la vista.
La vida de bloguera es tan ardua...
Antes de continuar con mis disertaciones quería comentaros que mi ausencia de la pasada semana además de a un imprevisto en el trabajo se debió a que Blogger me empezó a dar ciertos problemas para publicar comentarios en muchos de vuestros blogs.
Y ya no sé si es algo generalizado, si soy yo, si es mi navegador, mi ordenador o el universo que se conjura para que cada vez tenga menos tiempo.
Esta semana estoy intentando pasar por todas vuestras cocinas, pero si por alguna aún no lo he hecho os pido disculpas y quiero que sepáis que no todo se debe a que vaya corriendo a todos lados.
Hoy vuelvo a rescatar una receta que lleva en borradores desde el pasado verano.
Tengo el modo limpieza ON y no sólo afecta a mi casa o a mi puesto de trabajo, se extiende también a mi cocina virtual.
No penséis que no estoy preparando postres en casa, que sí que los estoy haciendo (aunque no debería), pero estoy haciendo rotación tal y como os he comentado para que no se queden recetas muy antiguas.
Esta semana vuelvo a repetir ingrediente y es que el coco a mí me recuerda al verano.
Es curioso lo poco que me gustaba hasta hace unos años y lo mucho que lo incluyo últimamente en mis postres.
La receta de hoy es facilona, del tipo mezclar, verter y hornear.
Sí, lleva horno. Con este calor.
Y con el precio de la luz.
Soy un poco kamikaze.
Pero merece la pena.
Y como además yo reposteo en fin de semana y ahora los fines de semana la luz es más barata (en realidad es un decir, con los precios que se cotizan ultimamente) es un lujo que aún puedo permitirme.
Tema aparte es el calor, pero merece la pena cuando te comes un trozo fresquito de esta tarta.
Que no será el postre más elaborado del mundo, porque no lo es, pero está bien rica.
Y encima un postre de esos míos, de abrir frigorífico y armarios de la cocina y empezar a echar cosas en un bol.
Mira que llevo tiempo intentando vaciarlo todo, pero cuando se empiezan a ver huecos o bien llega mi marido que se ha encontrado con no sé qué oferta en el supermercado o el karma decide que me toca un sorteo y vuelta a nutrir esas baldas que empezaban a despoblarse.
Pero un día lo conseguiré, lo sé. No sé en qué vida, pero lo lograré.
Pues quedó una tarta de lo más resultona.
Cremosa. Pero con cuerpo.
Muy equilibrada de sabores.
Con un bonito dorado.
Y además fácil y rápida de preparar.
Ensuciando un bol y poco más.
Muy yo, os lo he dicho.
Pero no todo es ideal.
Para mi gusto fui muy parca con la mermelada.
Puse sólo unas cucharas de mermelada en la base, haciendo una fina capa, muy elegante y recatada yo y al probarla el cuerpo me pedía más porque acababa perdida y casi no se notaba en boca.
Así que sed generosos. No es cuestión de poner un kilo, pero sí de darle un poco de alegría.
Ah! y quien dice mermelada de mango dice de piña o de cualquier sabor que os guste combinar con el coco.
Ya sabéis que siempre os invito a hacer vuestras las recetas y adaptarlas a los gustos de vuestra casa.
Y sin más vueltas, porque esta tarta se vende sola, os cuento cómo prepararla en casa. ¿Quién se apunta a un buen trozo?
Ingredientes:
* 1 lámina de masa quebrada o de hojaldre
* 500 gramos de nata (crema de leche) para montar
* 125 gramos de yogur de coco o natural
* 400 gramos de leche de coco
* 50 gramos de coco rallado
* 3 huevos
* 1 cucharadita de harina
* 100 gramos de azúcar
* Mermelada de mango y piña
Elaboración:
1. Desenrollamos la lámina de masa quebrada, extendemos ligeramente con el rodillo y forramos con ella (dejando el papel de hornear que la envuelve) un molde redondo.
2. Ponemos cuatro o cinco cucharadas de mermelada de mango (o cualquier otra de nuestro gusto) y extendemos cubriendo la base. Reservamos.
3. En un bol ponemos el resto de ingredientes y batimos con unas varillas manuales hasta obtener una mezcla homogénea.
4. Vertemos sobre la base de mermelada e introducimos en el horno precalentado a 180º C
5. Horneamos durante unos 40-50 minutos, hasta que la superficie se dore. Apagamos y dejamos en el interior 45 minutos más.
6. Abrimos, sacamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.
7. Tapamos con film transparente y guardamos en el frigorífico.
Como os había prometido es una receta muy fácil, muy agradecida y que se puede (y debe) preparar con antelación.
Y va para el reto 1+/-100, desperdicio cero de Marisa (a la que doy las gracias por llegar a colgar mis recetas cuando yo no llego)
En cuanto al tema de las vacunas os cuento que a mi marido le pusieron la primera dosis el pasado sábao. Y todos hemos sobrevivido. A buen entendedor...
Y a mí me vacunan, ceteris paribus, el lunes próximo. Os contaré.
Intento ponerme al día de visitas y comentarios si Blogger lo tiene a bien. Sed felices, manteneos sanos y nos leemos el jueves próximo.
Manos a la masa y ¡bon appétit!