Siempre aclaro que no soy una hippie fumada y que no voy abrazando árboles por la vida, pero tengo que reconocer que tengo un pequeño gen ecologista dando vueltas por el cuerpo, con su pelo largo, su flor en la oreja, su túnica hasta las rodillas y los deditos haciendo el símbolo de la paz.
Cuando era pequeña, de hecho, debía tener ese gen más a flor de piel, porque además de tener vestidos desteñidos (antes de enseñaros esas fotos preferiría morir de un ataque de cosquillas), creía que podía cambiar el mundo y ponía letreritos por casa anunciando que había que cerrar grifos y neveras, apagar luces y otras boniteces que sacaba de la "Guía del joven consumidor verde" o de "El consumo y nosotros", o de los folletos (que entonces no había internet!) de Greenpeace que guardaba como oro en paño.
Ay, pobre gen ecologista, atrapado en el mismo cuerpo que los genes frikis y que los genes alcohólicos, que en la adolescencia seguro que le hicieron bullying del malo y lo dejaron escondidito en un rincón, haciéndose trenzas, deshojando su flor y planeando su venganza en cuanto me hiciera viejuna y los otros se cansaran o se apoltronaran en algún sofá a ver el fútbol.
Y desde hace un tiempo (tanto como llevo aclarando que no soy una hippie fumada), el gen se ha visto reforzado y ha vuelto por sus fueros.
Por eso a veces tengo la cocina llena de botes de cristal con líquidos extraños.
Y es que cada vez que encuentro una receta para aprovechar algún tipo de desperdicio, el gen salta de alegría, da palmas y cual Remy (el ratón de Ratatouille), me guía para que me entusiasme tanto como él y me ponga a trabajar sin descanso.
Así que os podréis imaginar que la idea de hacer vinagre con restos de fruta fuera motivo de disfrute para mi gen. Y en consecuencia para mí.
¿Alguna vez os ha pasado que descubrís una idea que os hace gracia y después la encontráis por toooodas partes? Sigo varios blogs de conservas y de fermentación (por culpa del gen ecologista) y de repente empecé a encontrar recetas de vinagre casi todos los días. Y decidí probar.
Se tarda alrededor de tres semanas en tener un buen vinagre, pero el trabajo activo de todo el proceso deben de ser unos 10 minutos. Si llega. Así que es un proyecto súper asequible. Y si tenéis pompones en edad de estudiar química es una lección interesantísima de química orgánica, porque los azúcares se convierten el alcohol y luego el alcohol se convierte en ácido.
Podéis probar con muchísimas frutas, pero, evidentemente, las que funcionan mejor y dan un vinagre más rico son la manzana y la pera. (Y las uvas, pero eso no tiene ni mérito.)
¿Qué necesitáis?
- Pieles, corazones e incluso pulpa que de otro modo desecharíais de cualquier fruta (o verdura dulce)
- Azúcar
- Agua
- Un bote de cristal con tapa
- Gasa (o una tela de algodón cualquiera)
- Una goma elástica
- Paciencia
Lo primero que hacemos es medir la cantidad de trozos de fruta que tenemos. Si usamos pieles tienen que estar bien limpias. Por cada medida de fruta vamos a poder poner un par de medidas de agua. Así, si tenemos una taza de fruta, usamos un par de tazas de agua.
Ponemos la fruta y el agua en el bote de cristal. Añadimos una cucharada de azúcar por cada medida de fruta, más o menos. Cerramos el bote con su tapa y sacudimos bien.
Lo dejamos reposar en un sitio fresco y sin sol durante una semana. Todos los días tenemos que sacudir el contenido y abrir un momento la tapa para permitir la salida de gases, pero ya está.
Al cabo de una semana, abrimos y olemos. Lo más probable es que ya distingamos claramente el olor a alcohol. Si no es así, cerraremos y dejaremos reposar un par de días más. Si ya huele claramente a alcohol, colaremos el contenido.
Para colarlo, yo os aconsejo que uséis un chino y una gasa que se quede con las impurezas pequeñas. Colamos bien, lavamos el bote de cristal y volvemos a poner el líquido dentro. Si tenemos algún vinagre ya preparado, podemos poner un par de cucharadas para ayudar a que el proceso sea más rápido, pero si no, no pasa nada, el vinagre se formará igualmente, aunque a lo mejor tarda un poco más.
Esta vez, en lugar de ponerle la tapa, ponemos un trozo de gasa (o tela de algodón) y lo sujetamos con una goma elástica. Y ahí lo dejamos dos semanas. Podemos remover de vez en cuando, y si vemos que se forma algún tipo de impureza se puede volver a colar, pero básicamente hay que dejar que el alcohol se vaya convirtiendo en ácido y eso lleva su tiempo.
Durante la segunda semana empezará a formarse la "madre". La madre es una masa gelatinosa que contiene muchas bacterias responsables de la conversión de alcohol a ácido acético. Que se forme una madre es muy bueno por dos motivos: primero, porque eso indica que nuestro vinagre va por buen camino y segundo, porque esa madre nos puede servir de acelerador para otros vinagres, si la introducimos en el bote después de haber colado el alcohol.
Al cabo de dos semanas, ya podemos acercar la nariz al bote y decidir si ya huele a vinagre. También lo podemos probar. Si lo queremos más ácido o si creemos que todavía no se ha acabado, podemos dejarlo un par de días más.
Cuando ya lo tengamos, solo nos queda volver a colar con una gasa para eliminar impurezas y embotellarlo para guardarlo. La madre la enjuagamos con un poquito de agua y, si no vamos a empezar ningún otro vinagre, la metemos en uno de los botes de vinagre terminado.
El vinagre no se echa a perder, pero con el tiempo va adquiriendo un sabor más profundo (y va precipitando). Vosotros mismos podéis decidir si queréis guardarlo más o menos tiempo o si queréis usarlo inmediatamente. Y también podéis decidir qué mezclas de fruta queréis hacer para probar nuevos sabores. ¿No se os acaba de abrir un mundo de posibilidades? (Calla, gen, cállate ya.)
¿Y qué podéis hacer con el vinagre, teniendo en cuenta que salen cantidades industriales?
- Ponerlo en la ensalada (evidentemente)
- Sustituir el zumo de limón de algunas recetas
- Darle un toque final a los guisos
- Crear vuestra propia mostaza o salsa barbacoa
- Hacer vuestras propias conservas
- Ponerle un poquito a la macedonia
- Usarlo en cócteles y bebidas (ya hablaremos de los shrubs)
¿Vosotros también tenéis un gen ecologista? Venga, salid del armario, que no puedo ser yo la única que soñaba con el Rainbow Warrior o que tenía un colgante con un símbolo de la paz extragrande.