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MARMITAKO DE BONITO (Poción mágica)





INGREDIENTES (4-6 personas)
(@TheHitchcook)

1 kg de bonito fresco cortado en tacos
Caldo de pescado (puerro, apio, cebolla, perejil, media cabeza y la piel del pescado)
2 pimientos verdes
1 pimiento rojo
1 cebolla
2 dientes de ajo
1 vasito de vino blanco (yo usé Txacoli)
1 cda de carne de pimiento choricero
2-3 patatas (dependerá del tamaño)
Perejil fresco
Guindilla (opcional)
Sal y AOVE

Duración: 45 minutos

Llega el fresco y los platos calientes o de cuchara empiezan a invadir nuestras mesas. Hoy toca tirar de un clásico gastronómico para hacer entrar en calor nuestros estómagos. El marmitako tiene todos los componentes para satisfacernos, es bastante sencillo pero requiere algo de tino y es vital que hagamos un buen caldo nosotros; lo agradecerá el plato, creedme. Zarpamos. 

Lo primero de todo es preparar el caldo casero de pescado. En una cazuela echamos un litro de agua y añadimos la rama de apio, un puerro, unas ramas de perejil, media cebolla, un poco de sal y los sobrantes del pescado. Dejamos cocer a fuego suave unos 20 minutos (desde el primer hervor) Merece la pena invertir un poco de tiempo en este paso porque el sabor lo agradecerá al final. Desespumamos y colamos finalmente para que no haya impurezas.

El sofrito. En una olla grande (que haga las veces de marmita) troceamos bien y sofreímos el ajo, el tomate, los pimientos y la cebolla - vamos, al estilo riojano -. 



Cuando empiecen a estar blanditos añadimos las patatas chascadas (o troceadas) y rehogamos unos minutos. Acto seguido incorporamos el vino y dejamos que evapore el alcohol. Momento de añadir la carne del pimiento choricero (yo eché dos cucharadas en vez de una, de ahí que el rojo haya dominado el caldo) y removemos. En este punto punto se puede añadir una guindilla para los amantes del picante.



Vertemos el caldo caliente y dejamos que se vaya cocinando todo el conjunto despacio. El tiempo dependerá del corte de las patatas pero no deben ser muy grandes, así que con unos 20 minutos será suficiente. Pasado ese tiempo añadimos los tacos bien limpios del bonito en la marmita. Dejamos que se cocinen unos 3 minutos, espolvoreamos perejil picado y apagamos el fuego.



Dejamos reposar nuestro guiso 10 minutos antes de servir y listo el marmitako. Huele bien, ¿eh? Pues blandid una cuchara y a devorar se ha dicho. ¡Que aproveche! 

Película ideal para degustar este plato

JAWS

("Tiburón" de Steven Spielberg - 1975)



Sabor a mar. Océano puro en la mesa. Aguas sanguinolientas. Nuestra receta de hoy goza de todos los elementos marinos posibles. El pescado se erige en el protagonista absoluto del plato y domina las aguas por las que pululan el resto de personajes (o ingredientes). Es cierto que yo me he pasado con la carne de pimiento choricero, puede ser que mi subconsciente cinéfilo (y no mi mal tino culinario, ejem) haya podido influir para poder encajar la receta con un referente tan grandioso y apropiado como "Tiburón". Allá por los años setenta, un joven y talentoso cineasta (Spielberg) estaba llamado a cambiar la historia del cine y en su mano tuvo la oportunidad de perpetrar una obra de terror puro e inmortal a ojos de cualquier espectador. Ejecutor de películas y demoledor de géneros ("La lista de Schindler", la saga Indy, "E.T" o "Salvar al soldado Ryan", casi nada) viene a contarnos en esta odisea acuática con asesino invisible. Un tiburón que amenaza las apacibles playas de un pueblecito costero, con ganas de guerra y un hambre que no acaba nunca. Para combatir esas "mandíbulas" que todo mastican, tres inesperados héroes se embarcan en una pesca final. Un duelo de poder a poder donde seremos testigos de una lucha titánica por vencer a un enemigo imposible, un monstruo de la naturaleza, un homicida implacable. Pues bien, nuestra receta de hoy nos habla del gran azul, de su complejidad, y de cómo las aguas calmadas poco a poco se van enrabietando. Ahí tenemos nuestro caldo de pescado (que huele a mar que da gusto), en un suave oleaje, en calma, donde los inocentes bañistas (el pimiento, la cebolla, el ajo...) disfrutan de un caluroso día. De pronto las aguas cobran un aspecto de violencia extrema, el pimiento choricero empieza a teñir de rojo el líquido cristalino. Como en la película, no logramos ver el ser oculto que demuestra tanta ferocidad. Mandamos a un grupo de luchadores natos (nuestras patatas - el sheriff, el oceanógrafo y el experto cazatiburones) para averiguar lo que sucede. Unos personajes que hacen lo imposible por mantenerse a flote en el caldo rojizo (hasta las patatas podrían ser los bidones que lanzan para frenar al temible escualo). Y de pronto emerge de las aguas nuestro gran protagonista: el bonito (o tiburón blanco, como quiera mirarse) Un elemento marino que salta sobre el bote, que golpea con fuerza, que asoma el morro para demostrar a todos que él es que manda sobre la historia y sobre nuestro plato. Los sabores, los aromas, el ataque al paladar llevan su inconfundible sello. Sólo nos queda blandir nuestro particular arpón (o cuchara) y batallar con una criatura y una receta que, aún siendo clásica, mantiene toda la modernidad con cada visionado o cucharada que le das. Que tengas una buena caza... 









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