En plena temporada de setas y hongos, existen dos posibilidades para guardar y conservar una cantidad de lo que hemos cogido:
1. Congelar:
Una vez limpias, se trocean y se cocinan un poco. Se deja enfriar y se congelan en recipientes herméticos o envasadas al vacío. Cuando las queramos usar, lo mejor es cocinar sin descongelar.
2. Secar:
Se limpian y se dejan secar extendidas en una red o sobre papel. Si las dejamos sobre papel, habrá que cambiar el papel cada vez que esté húmedo y revolver las setas de vez en cuando.
Sabremos que están secas porque disminuyen unas tres veces su tamaño y quedan más duras. Asegúrate de que están bien secas antes de guardarlas en un frasco de plástico cerrado.
Cuando las queramos usar para cocinar, podemos rehidratarlas dejándolas sumergidas en agua unos 15 minutos. Aumentarán considerablemente su volumen y el agua que hemos usado la podremos usar como caldo para cocinar, ya que tiene también los nutrientes y el sabor de la seta. Si las vamos a cocinar en salsa, o con líquidos, no hará falta rehidratarlas, ya que lo harán solas al cocinarlas con el resto de ingredientes.
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