La fiebre del pan... Esa pasión que sentimos por "panarrear" o por investigar más sobre el tema del pan a cada rato que tenemos libre. ¿Tú también la has sentido?
Con masa madre o sin ella, amasado a mano o con robot, con panificadora o con horno,... en cualquiera de estos casos, el resultado es lo que importa y es sorprendente lo privilegiado que te sientes probando un pan, aún templado, y hecho por ti en casa. Porque lo degustas diferente, te centrarás en su sabor y sentirás el aroma que desprende y que ha impregnado toda tu casa. ¡Huy, me estoy poniendo muy trascendental!
La fougasse es un pan típico de la Provenza que en la actualidad está muy extendido por el resto de regiones francesas. Se le emparenta con otros panes como la focaccia italiana o la hogaza española. Se caracteriza por ser un pan muy crujiente y con poca miga, que suele ir acompañado de otros ingredientes: aceitunas, queso, tomate, cebolla, frutos secos,...
Podemos encontrarlo con diferentes formas, lo que dependerá de la imaginación del panadero: rectangular, redonda, en forma de hoja o de espiga.
Su origen se sitúa en la antigua Roma, donde se cocía en las cenizas del hogar (la palabra focus en latín significa ceniza) y mucho después se utilizó en las panaderías francesas para saber si los hornos habían alcanzado la temperatura necesaria para hornear el resto de panes. Se ponían primero las fougasse y cuando éstas estaban cocidas y doradas significaba que el horno estaba listo para ser utilizados.
Se trata de un pan sencillo de preparar, un buen comienzo para los que os iniciáis en el curioso y complejo mundo de hacer pan. Amasar, dejar levar, desgasificar y hornear. Si queréis ponerle ingredientes a la masa podéis hacerlo, en mi caso sólo las he especiado.
Os recomiendo comerlo recién hecho, es espectacular tanto su sabor como su textura tan crujiente.
(para 2 o 3 fougasse, dependiendo del grosor de cada una)
- 400 gr. de harina de fuerza
- 200 ml. de agua templada
- 50 ml. de aceite de oliva
- 14 gr. de levadura fresca
- 1 cucharadita de sal
- Orégano
- Ajo en polvo
- Cebolla (puede ser fresca y cortada en juliana, o podéis utilizar cebolla deshidratada)
En un bol, pondremos el agua templada, el aceite y la levadura desmenuzada. Lo moveremos para que se disuelva y lo dejaremos reposar unos 10 minutos. Después añadiremos la harina y la sal. Mezclaremos primero dentro del bol y cuando la masa empiece a estar consistente, la pondremos sobre una superficie lisa y limpia y seguiremos amasando con las manos. Cuando hayamos conseguido la masa, en la que todos los ingredientes estén bien integrados y ésta no sea muy pegajosa, la pondremos de nuevo en el bol y la taparemos con un paño limpio.
Es conveniente ponerla en un lugar templado y que no esté expuesto a corrientes. El tiempo aproximado de reposo es de unas 2 o 3 horas, hasta conseguir que doble su volumen.
Cuando la masa haya levado, la desgasificaremos o, lo que es lo mismo, la volveremos a amasar para que salga todo el aire de su interior. Le añadiremos las especias y amasaremos para que éstas se integren por toda la masa.
Le daremos la forma deseada, en este caso forma de espiga o de hoja. Simplemente hay que estirar la masa, con la ayuda de un rodillo, dándole forma de triángulo y después hacerle un corte central y varios a los lados.
Dependiendo del grosor de la masa, la fougasse tendrá más o menos miga.
Yo probé a hacer una más gordita y otra más fina. A mí, particularmente, me gustó más la que tenía más grosor. Pero las típicas fougasse son finitas.
Y esta era la propuesta que nos proponían desde Bake the World, que cada mes nos invita a probar diferentes masas y así aprender un poco mejor como se comporta cada una.
Gracias por suscribirte, Un beso. Chus