De hecho, los polvorones son una versión más refinada de los tradicionales mantecados de almendra.
Tienen su origen en Andalucía, más concretamente en la Estepa del siglo XVI, donde era habitual el uso de la manteca de cerdo en la repostería, ya que la región contaba con extensas zonas dedicas al cultivo del encinar, los mismos que proveían de sustento al ganado porcino.
No fue hasta el siglo XIX cuando la receta empezó a comercializarse.
Filomena Micaela Ruiz Téllez, apodada como "La Colchona", le encomendó a su marido, vendedor ambulante de profesión, la lucrativa tarea de vender los mantecados por los mercados de paso.
La clave del éxito radicó en la receta que la propia Micaela había formulado; secando los mantecados, lo que les confería una entereza suficiente como para resistir el trasiego sin renunciar a una textura tierna en su interior.
Este nuevo fenómeno contribuyó positivamente a la economía de la Estepa.
Tanto es así, que a comienzos del siglo XX más de 15 casas de la localidad se afanaban diariamente por surtir los mercados con tan delicioso manjar, convirtiéndose en pequeñas fábricas que conseguían durante todo el año emplear a los habitantes de la Estepa.
El proceso de fabricación se tecnificó involucrando a las amasadoras, permitiendo escalar exponencialmente la producción. En la actualidad 19 fábricas componen el sector del que viven directamente unas 2000 personas, el 85% de ellas mujeres, pudiendo presumir de ostentar el sello distintivo de calidad I.G.P.
Cómo hacer mantecados de almendra caseros de la abuela
La masa base de los mantecados caseros de almendra, al igual que la de los polvorones, está formada por harina, azúcar y manteca de cerdo, a la que se añaden una serie de aromas concretos, habitualmente canela.
Asimismo, se suele espolvorear un poco de ajonjolí encima de los mismos, al menos cuando se trata de la versión tradicional, que puede ser modificado incorporando coco, cacao, limón y otros ingredientes que buscan expandir los horizontes de este bocado centenario.
Generalmente, se presentan envueltos en un papel de seda blanco en el que se estampa el logo de la manufacturera.
Ingredientes:
Harina floja 200 g.
Azúcar blanquilla 230 g.
Limón 1 unidad
Manteca de cerdo 100 g.
Almendras tostadas 100 g.
Levadura química Royal 1 cucharadita
Canela molida 1/2 cucharadita
Clara de huevo 1 unidad
Elaboración:
Pulverizaremos con ayuda de una buena batidora el azúcar blanquilla, batiendo poco a poco y tamizándolo posteriormente si es precio. Conseguiremos algo muy parecido al azúcar glas, favoreciendo así su posterior integración y disolución en la masa. Rallaremos la piel del limón con una microplane, logrando una ralladura fina y regular. Mezclaremos la ralladura con el azúcar.
Tomaremos 180 gramos de la mezcla, colocándola en un bol junto a las almendras previamente picadas, la harina, la manteca de cerdo, la levadura, la clara de huevo y la canela. La almendra debe quedar reducir prácticamente a polvo, como una harina. Integraremos todos los ingredientes obteniendo una masa homogénea fácilmente manejable. No es necesario amasar en exceso.
La envolveremos con film al ras, y la dejaremos reposar dentro de la nevera al menos 15 minutos. Transcurrido el tiempo, enharinaremos la mesa de trabajo, desplegando la masa sobre la mesa y extendiéndola con un rodillo hasta que nos quede un grosor aproximado de 1 cm. Con un cortapastas, preferiblemente circular, iremos cortando los mantecados uno a uno.
Dispondremos los mismos sobre un papel sulfurizado o silpat con el que habremos cubierto una bandeja universal de horno. Procurad que guarden cierta distancia entre sí, pues es posible que crezcan un poco y lleguen a tocarse si se encuentran muy pegados. Precalentaremos el horno a 180º, con calor arriba y abajo, tapando con un paño o papel film los mantecados.
Cuando el chivato del horno nos avise de que ya está caliente, introduciremos la bandeja a media altura, contando 8 u 10 minutos. Es una masa que se cuece rápidamente, por lo que recomiendo estar muy atentos al horno para que no se queme. Una vez tornen en un color dorado, los sacaremos y trasladaremos a una rejilla para que se enfríen.
Este paso es innegociable, o de otro modo el mantecado se acabaría resecando demasiado. Lo ideal es una rejilla alzada que permitan circular el aire por debajo. En el momento en que se encuentren completamente fríos, espolvorearemos el resto del azúcar sobrante. Con estas proporciones, en función del perímetro del cortapastas, os saldrán alrededor de 15 - 20 mantecados.
En caso de que quieras darles un toque más desenfadado, tan solo tienes que balancear los ingredientes. Por ejemplo, si quisieras agregarles cacao en polvo, réstale 50 gramos y sustitúyelos por cacao en polvo desgrasado, equilibrando así la cantidad de producto seco. Otras opciones de decoración pasan por esparcir un poco almendra picada en la superficie.
Los mantecados borrachos manchegos son una interpretación de los clásicos mantecados. Los licores más empleados en su elaboración son el aguardiente o el brandy, de los cuales se añadiría simplemente un chorrito. Tampoco es infrecuente encontrárselos con vino blanco, más propios de la región de Castilla. En definitiva, existen miles de posibilidades para este antiquísimo dulce.
¡Qué aproveche!
Puedes ver la receta así como otras muchas recetas tradicionales caseras en la web de La Receta de la Abuela.