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Ricotta pie {Receta maltesa}



El fin de semana pasado nos dio una tregua y tuvimos un tiempo más que primaveral. Los árboles ya están en plena floración y da gusto pasear por las ciudades o por los pueblos de nuestros lugares de residencia.

En mi caso, y dado que no vivo en Madrid capital sino en Majadahonda, un lugar al lado del campo que conjuga zonas verdes ajardinadas y zonas forestales, con mucha más razón. Salir de casa a pasear en primavera es un verdadero deleite para los sentidos. A mi paso me encuentro sobretodo prunos en flor y mimosas como las de las fotos de hoy.


Pero hoy no nos quedamos en España, hoy toca viajar. Volvemos a hacer las maletas y a coger el avión y nos vamos de viaje con destino a una de las islas más populares del Mediterráneo. Este mes he tenido la oportunidad de elegir el destino gastronómico del reto #reposterasporeuropa y por eso hoy aterrizamos en el aeropuerto internacional de Malta.

La Valletta es su capital, patrimonio mundial de la UNESCO y uno de los puntos más turísticos y bellos de la isla. Si os parece vamos a pasear por sus calles empinadas y disfrutar de sus vistas, así como de la Concatedral de San Juan.



Otro punto de interés es la vecina ciudad de Mdina, también llamada "ciudad silenciosa" Su famosa puerta es la entrada a una maravillosa ciudad amurallada situada en una colina desde la que se admiran preciosas vistas de buena parte de la isla y que forma un entramado de calles estrechas y sinuosas en las que destacan sus edificios barrocos, como la Catedral de San Pablo.

Justo al otro lado de la muralla está el pueblo vecino de Rabat, que ofrece a sus visitantes una red de catacumbas y cuevas. También construida por los árabes como la vecina Mdina, en ella no hay que dejar de visitar la iglesia de San Pablo, construida sobre la gruta del mismo nombre.



Marsaxxlok es un pueblo pintoresco marinero situado al sureste de la isla y que nos ofrece los típicos paisajes marineros de barcas de colores llamativos. Pero si lo que os gustan son las playas paradisíacas no podéis dejar de visitar Comino, una de las islas del archipiélago maltés, reserva natural que destaca por sus aguas turquesa y sus fondos marinos.

Como siempre me despisto, y si no me dais un toque me emociono y dejo de lado el tema que nos ocupa que en este caso es el gastronómico, así que ¡Ana céntrate! y habla de una de las consideradas mejores cocinas mediterráneas del mundo. Por su relación con diferentes países es una cocina que tiene influencias variadas, principalmente italianas, por su cercanía con Italia e inglesas porque durante mucho tiempo, Malta fue colonia británica.


Toda comida que se precie comienza con unos "pastizzi" o aperitivos de hojaldre rellenos de queso ricotta o pasta de guisantes, o un surtido de quesos de cabra y oveja de la isla de Gozo, también llamado "gbejniet" o el "hobza" o aperitivo consistente en una rebanada de pan con tomate con un poco de aceite.

En cuanto a platos principales tenemos la "timpana" u hojaldre de macarrones rellenos de carne picada y huevo duro, la "minestra" que es un guiso de verduras semejante a nuestra menestra, la "soppa tal-armla" o sopa de verduras servida con los quesos típicos de la isla. No podemos dejar de probar el exquisito estofado de conejo o "stuffa tal-fenek" y de pescados el "lampuki" o dorada, platos todos ellos regados con la Cisk, cerveza rubia nacional de Malta o con alguno de sus famosos vinos.


En cuanto a los postres, nos encontramos dulces hechos con almendras, dátiles o miel, con marcadas influencias turcas, como el "imqaret" o pastelito relleno de dátiles y luego frito, tradicional de la repostería maltesa y que se puede encontrar tanto en restaurantes como en pequeñas pastelerías o el "helwa tat-tork" que es un postre que se prepara con almendras trituradas y miel. También encontramos postres con influencia italiana como los "kannolis" que son unos cilindros rellenos de ricotta o crema y con pepitas de chocolate o fruta confitada.

El café es también delicioso y se sirve sin leche y siempre acompañado de dulces y pasteles variados en los que podemos apreciar las influencias inglesas e italianas que antes os comentaba. Y hoy os traigo precisamente eso, un pastel de queso ricotta con un caramelo de limón, que seguro que va a hacer vuestras delicias. Ya me contaréis qué os parece.


INGREDIENTES

Para la tartaleta

130 gr. de harina

35 gr. de azúcar

Una pizca de sal

65 gr. de mantequilla fría (en trocitos)

1 yema de huevo

Para el relleno

380 gr. de queso ricotta

3 huevos tamaño L

Ralladura de 1 limón

100 gr. de azúcar

40 gr. de mantequilla (derretida)

1 cucharada de Maizena

Para el caramelo de limón

Zumo de 1 limón

50 gr. de azúcar

1 cucharada de miel

ELABORACIÓN

En un recipiente mezclamos la harina, el azúcar y la sal. Añadimos la mantequilla fría en trocitos y mezclamos con las manos hasta que se vayan formando migas.

Añadimos la yema de huevo y seguimos mezclando hasta que consigamos que la masa se quede ligada y entonces formamos una bola. La aplastamos un poco con la mano y la envolvemos en papel film. Refrigeramos media hora.

Precalentamos el horno a 200º C. Engrasamos un molde desmontable de 20 cm.

Enharinamos la mesa y extendemos la masa con ayuda de un rodillo. Forramos con ella el molde que previamente habíamos engrasado cubriendo el fondo y subiendo un poco por los lados.

Pinchamos la masa con un tenedor y horneamos 12 minutos.

Mientras preparamos el relleno de queso, para ello en un recipiente ponemos el queso ricotta, el azúcar. los huevos y la ralladura y mezclamos bien con unas varillas. Añadimos la mantequilla derretida y la Maizena, batiendo hasta que todos los ingredientes estén bien integrados.

Vertemos el relleno sobre la tartaleta precocida y horneamos de 30 a 40 minutos.

Durante el horneado podemos preparar el caramelo de limón. En un cazo ponemos a fuego medio el zumo de limón, el azúcar y la miel y dejamos que hierva y burbujee sin dejar de revolver. Cuando empiece a espesar retiramos del fuego y dejamos que se enfríe un poco.

Dejamos en pastel sobre una rejilla hasta que se enfríe. A continuación colocamos sobre un plato o cake stand y vertemos el caramelo de limón por encima antes de servirlo (si está muy espeso, lo calentamos un poco).


La textura de este pastel preparado con ricotta o requesón es granulosa y su sabor suave. A pesar de la acidez del limón, resulta un pastel de sabor dulce, aunque no empalagoso, que conseguimos caramelizando el azúcar, el limón y la miel.


En la receta que yo vi, además le agregaban pistachos por encima, como adorno (muy típicos también en la repostería turca), aunque yo los he suprimido quizás por la cercanía con el pasado Reto "Alfabeto Dulce" en el que eran uno de los ingredientes elegidos para realizar el postre.


Como veis un pastel muy sencillo y que como alternativa al tradicional cheesecake de sabor más cremoso es perfecto, además de estar riquísimo. Os animo a prepararlo porque no os defraudará.

Ansiosa estoy por ver las especialidades maltesas que nos traen mis compañeras. Espero que os haya gustado el destino que he elegido y que vuestra estancia en la isla de Malta haya sido maravillosa.

Fuente: eat in my kitchen
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