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Potaje de garbanzos y espinacas con pan frito

Recuerdo de niña que, cuando llegaba la cuaresma, mi madre hacía recetas sin carne ya que el ayuno de ésta era obligatorio. La cuaresma es un perido de cuarenta días en los que no se puede consumir carne. En nuestra infancia, esta tradición se podía ver en la mayoría de nuestros hogares.

Dentro de la cocina de cuaresma el potaje sigue siendo el plato estrella de estas fechas. Se suele hacer con garbanzos, espinacas y, en ocasiones, con bacalao. Es una receta que se elabora desde el medievo y se preparara el viernes santo. Se trata de una receta de origen humilde que se elabora en gran parte de España, como en Andalucía.

Hoy vamos a elaborar un potaje de garbanzos con espinacas y pan frito. ¿Me acompañas?


Los ingredientes que vamos a necesitar para cuatro personas son:

Para el guiso:

400 g de garbanzos cocidos
150 g de espinacas
1 cebolla
1 puerro

1 pimiento rojo
4 dientes de ajo

1 chorreoncito de aceite de oliva virgen extra
1/2 cucharadita de pimentón (opcional)

1/2 cucharadita de comino

1 hoja de laurel (opcional)

1 litro de caldo de cocido
sal
pimienta

Para la presentación:

2 rebanadas de pan

comino

aceite de oliva virgen extra

Preparación:
Lo primero es preparar los ingredientes para tardar menos. Así, pelamos y cortamos en brunoise o muy picada la cebolla. Cogemos el puerro, desechamos las partes que no vamos a utilizar, lo lavamos y cortamos también en brunoise. Lavamos y secamos bien el pimiento, desechamos el rabo, la parte blanca interior y las semillas y cortamos en brunoise o lo más fino que podamos. Pelamos y picamos muy bien los ajos.

A continuación, vamos a hacer un sofrito y, para ello, calentamos un chorreón de aceite en una olla y añadimos la cebolla junto con el puerro, el pimiento y los ajos y pochamos. Añadimos las espinacas y rehogamos. Agregamos los garbanzos y las especias y removemos.

Vertemos el caldo, añadimos el laurel y dejamos cocer durante 10 minutos para que se integren todos los sabores. Probamos y salpimentamos al gusto.

Mientras el guiso se está haciendo, preparamos el pan frito. Calentamos el aceite en una sartén y, cuando esté caliente, doramos el pan por ambos lados. Sacamos y colocamos en un plato donde previamente hemos puesto papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

Presentación:
Como se trata de un plato tradicional, lo vamos a servir en unos platos hondos con un dibujos y motivos clásicos. Colocamos el pan frito y espolvoreamos un poco más de comino.


El comino y el pan frito hacen que este plato humilde conquiste nuestro paladares. Va a maridar muy bien con Selene, un vino tinto crianza de la Ribera del Duero, por su elegancia, suavidad, equilibrio y saber estar, elaborado con uvas Tempranillo y Merlot.



Bon appétit!

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