Desde que había vuelto del hospital con su hijo en brazos, los días habían sido muy duros
Noches sin dormir, cansancio absoluto, sin un minuto para ducharse
Su hijo no dormía bien y se pasaba horas llorando
Había soñado ser madre de una manera tan idílica, que la realidad la estampó de bruces contra el suelo
Se sentía impotente, sobrepasada, sucia y totalmente derrotada. Hasta tal punto que su marido la había encontrado más de una vez llorando al unísono, ella con su bebé en brazos y con el mismo desconsuelo
Volver al trabajo había sido un alivio. ¡Se sentía tan culpable por huir de su hijo! Pero esa era la verdad
Escuchaba a otras madres hablar de lo maravilloso que era cuidar de sus hijos, limpios, durmiendo, comiendo...ella solo podía preguntar ansiosa cómo lo hacían. Y en su fuero interno, pensaba que aquellas madres mentían
Ser madre no era un paseo por las nubes
Le dolían los pechos, no había forma de recuperar su silueta, solo pensaba en dormir de un tirón y mil detalles más que para ella eran un suplicio. Porque todo se traducía en que era una mala madre
Ella solo quería pensar en su bebé y que todo hubiera valido la pena
Los meses pasaron y aunque la cosa no mejoró y las exigencias de su hijo fueron a más, ella comenzó a liberarse del sentimiento de culpa que la atenazaba
Encontró otras madres que pasaban por lo mismo que ella. Sabía que su vida no volvería a ser la misma pero, poco a poco, fue recuperando parte de su vida. Pequeñas parcelas, que la llegada de su hijo, había eliminado por completo: leer, reunirse con sus amigas sin niños, ir a la peluquería. Un sinfín de pequeñas cosas a las que no quería renunciar y que creía firmemente que no tenía porque hacerlo
Tuvo que aprender que hay muchas maneras de ser madre, que los hijos llegan para quedarse pero no para anular a nadie, que podía haber madres abnegadas cargadas todo el día con su hijos , pero que también había mujeres que no querían dejar de serlo y convertirse solamente en madres. Ella no quería perder su identidad por el simple hecho de parir un hijo
Cuando entendió que eso era posible sin dejar de adorar a su hijo, solo entonces, se despojó del sentimiento de culpa y empezó a disfrutar de la maternidad
Siempre estaría ahí para su hijo, pero sin olvidarse de ella misma
Ahora si, cada sonrisa de su hijo, la llenaba de calma y tranquilidad
PD Relato inspirado por Jos Pérez
INGREDIENTES
800 g de anillas de calamar
2 cebollas
2 dientes de ajo
4 cucharadas de almendras picadas
125 ml de fino de Jerez
Media cucharada de pimentón
Perejil
1 hoja de laurel
Aceite
Pimienta
Sal
200 ml de agua
ELABORACIÓN
Picar la cebolla bien fina y pequeña
Picar los ajos muy pequeños
En la cubeta poner aceite (3 cucharadas)
Menú Cocina
Pochar la cebolla
Añadir el ajo y la almendra
Remover y cocinar 2
Añadir los calamares
Remover y cocinar 2
Añadir el vino
Remover y dejar que evapore el alcohol
Añadir el agua y la hoja de laurel
Salpimentar
Añadir perejil y el pimentón
Remover
Menú Cocina 15
Rectificar de sal si fuera necesario
Servir con perejil espolvoreado
Receta adaptada de Cosas de mi cocina